viernes, 11 de octubre de 2013

"Pasión por las guitarras"

Tener pasión por ellas tan solo unos pocos



Entornar guitarra no solo talento sino también es un don

Desde que tengo uso de razón la música corre por mis venas, me llama, me inspira. Tal vez como corre por las venas de muchísima gente en el mundo. algunos poseen el don de hacer música en un instrumento, otros hacen música con su voz, a otros la música les hace vibrar el cuerpo por medio del baile o simplemente se deleitan al escucharla. La música es uno de esos regalos de Dios para ayudarnos a ser humanos.

Todo guitarrista en algún momento se ha sentido frustrado, aburrido o falto de ideas cuando toca la guitarra. Este estado de ánimo reduce mucho las ganas de aprender y seguir tocando la guitarra, incluso puede provocar en casos extremos dejar el instrumento de lado. Divertirse mientras aprendemos es la clave. La pasión por la guitarra, por aprender cosas nuevas y por mejorar como músicos. Hoy en día, con la infinidad de recursos que tenemos aprender no tiene porque ser estar todo el día aprendiendo escalas o teoría. A través de backing tracks, tocando con una banda o improvisando sin acompañamiento puede ser la mejor forma de progresar como músicos y guitarristas.



 Si un guitarrista o un luthier tuviera que explicar desde un espacio exclusivamente racional, lo que significa, lo que representa, lo que es, y lo que experimenta cuando se vincula con la guitarra, seguramente coincidiría con otros colegas, en que a direfencia de lo que ocurre con otros instrumentos, la relación con la guitarra es un vínculo que sin dudas puede describirse como una pasión.
Los que recuerdan sus comienzos, seguramente mencionarán que la relación se inició como un juego, donde fuimos descubriendo en ella los infinitos recursos que nos fue mostrando de a poco, cuyos límites solamente era puestos por nosotros mismos. Siempre dispuesta a continuar, a arriesgar y a esperarnos recostada al final de cada etapa.
  Es difícil para los músicos y para los artesanos, distinguir si la guitarra, es apreciada más por su imagen como objeto artístico, que por su finalidad específica, o como "instrumento", justamente porque su carga simbólica refiere a una gama mucho más rica que la de su instrínseca calificación.




Obviamente le agregará "valor" lo funcional, la calidad del resultado que logre su timbre, sustain, versatilidad, tc., pero siempre desde su connotación utilitaria.
Por eso una guitarra puede haber sido ejecutada por un famoso músico durante veinte años, y permanecer en una exposición durante el resto de su existencia, sin que esta condición vaya en desmedro de su personalidad original "en actividad".




Esto tiene sentido, si observamos una guitarra "en reposo", acostada, apoyada (resulta a veces tan o más atractiva que en pleno concierto).

Resulta curioso, pero en este punto, hasta las manos más torpes se sienten virtuosas gracias a la generosa fantasía que solamente promueve una guitarra, y quizás esto sea así, porque la guitarra es fundamentalmente un sentimiento, o quizás porque la guitarra acaso sea mujer.
Por eso siempre su apariencia nos resultará atractiva, y el mensaje que interpretemos de esa sensación, nos hará creer a cada uno, que somos los únicos capaces de seducirla y de lograr escuchar de su boca lo que cada hombre quiere oír.
Por eso, no dejemos pasar la oportunidad, solamente tenemos que encararla, tomarla entre nuestros brazos y arrancarle con pasión, sus más profundas vibraciones.
Un consejo a los que se le animen a una viola. Cuando lo hagan por primera vez, no pregunten si estuvieron bién, si gustó como lo hicieron y esas cosas..., las guitarras nunca dicen toda la verdad, y en todo caso..., nosotros tampoco.